¡Fuera, Zumbi...!*

por Diogo Mainardi

Como Macunaíma, nacimos Negros y fuimos emblanqueciendo en la medida en que nos alejábamos de nuestra tierra de origen. Es lo que enseña Genes, Pueblos y Lenguas, del científico en genética Luigi Luca Cavalli-Sforza. Él analizó más exámenes de ADN que Ratinho**. Pero, al contrario de Ratinho, no usó el resultado de los exámenes para vender más champús contra piojos, y sí para trazar un mapa de la evolución humana. Sus estudios demuestran que nuestros conceptos de raza son un embuste. No existe Negro, Blanco ni Amarillo. O dividimos la humanidad en más de 1 mil etnias y lenguas, o acabamos con la clasificación por razas, admitiendo que somos todos parientes.

Los primeros hombres surgieron en el África. Teníamos la piel negra porque nos servia de protección contra el sol ecuatorial. Los cabellos eran enredados para retener el sudor y enfriar la cabeza. Cuando comenzamos 100 mil años atrás, nuestras características físicas fueron adaptándose a las nuevas condiciones climáticas. Quien se mudó para Europa se quedó con la piel blanca para captar mejor los rayos ultravioleta y suplir la falta de vitamina D. Las narinas se estrecharon para calentar el aire antes de llegar a los pulmones. Los que migraron al Oriente adquirieron contornos adiposos alrededor de los ojos para protegerse de los helados vientos siberianos. Nos burlamos mucho de Michael Jackson, pero nuestros antepasados sufrieron las mismas transformaciones que él. Un Sueco es un Sudanés subnutrido. Un Mongol es un Pigmeo con frío.

El presidente Lula nombró una ministra para combatir la discriminación racial. Ella es una Negra. Habría sido mejor si fuese una Blanca, para mostrar que la discriminación racial no es nociva apenas para los Negros, sino para la sociedad entera, inclusive para los Blancos. La ministra defiende la política de cuotas adoptada en los Estados Unidos. Es la lógica del gueto. Yo trataría de invertir la cuestión, extinguiendo no sólo la discriminación racial, sino el propio concepto de raza. No es tan difícil así. Cuando era pequeño, en la escuela se enseñaba que nuestros indios pertenecían a la raza Roja. Cierto día, la idea cambió y se pasó a enseñar que en verdad, la raza Roja no existía, porque los indios eran Amarillos que habían atravesado el Estrecho de Behring 32 mil años atrás. Siguiendo el mismo raciocinio, la raza Amarilla también no existe, habiendo sido formada por Africanos que migraron hacia el Asia 100 mil años atrás. Y la raza Blanca, constituida por asiáticos que se mudaron a Europa hace 43 mil años, es otra ficción genética. Presentemente, nadie más habla en raza Roja. Seria igualmente correcto que nadie más hablase en raza Negra, Blanca o Amarilla.

La mejor manera para acabar con el racismo en el Brasil es eliminar el criterio de raza. El Movimiento Negro siempre luchó para que los negros tuviesen orgullo de su propio color. Yo aboliría esa idea. Aboliría el Día Nacional de la Conciencia Negra, la política de cuotas, las acciones afirmativas. Aboliría también el mito de la miscegenación racial brasileña.

Cuando se considera toda la historia de la humanidad, los Alemanes son tan miscigenados cuanto nosotros. Raza es una noción arcaica. No tiene base científica. La lucha contra el racismo no se realiza glorificando la figura de Zumbi en los libros escolares, sino enseñando que los Blancos son Negros y los Negros son Blancos.

*Zumbi, era un esclavo, hoy personaje histórico en el Brasil, que se destacó por haberse sublevado contra los opresores portugueses.
** Ratinho es el sobrenombre del conductor de un programa de la TV brasileña de gran aceptación popular.

La propuesta simple y lógicamente lúcida del escritor y periodista Brasileño Diogo Mainardi, porque acaba de una vez por todas con las prácticas de racismo en un continente que debería apenas, si es el caso, tener orgullo por acoger en sus tierras tantas contribuciones genéticas y culturales que solo deben conducir al perfeccionamiento del genero humano.

A nuestro entender, la lectura semanal de la columna de Diogo Mainardi en la Revista VEJA es el mayor llamativo que esta tiene para aumentar el tiraje de su circulacion nacional e internacional en la lengua Portuguesa Brasileña.