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Por
Guillermo Alfonso Ortega - 28 abril 2007
Michel,
mi sobrino, es un arquitecto brasileño recién graduado
que para celebrar este cambio de status viajó al encuentro
de un pariente nuestro en una ciudad del interior de Minas Gerais.
Al volver, en el aeropuerto de Confins, después de seis
horas de ómnibus, descubrió que necesitaba ingerir
alguna cosa hasta la salida de su vuelo a Bahía. Había
apenas una cafetería abierta que vendía únicamente
los agradables panecillos franceses, que en la ciudad del interior
donde había estado costaban algo como cincuenta centavos.
"¿Cuál es el precio?" - preguntó
señalando uno de ellos. "Siete reales" - respondió
la empleada. Tomó un susto pero reponiéndose pidió:
"Un croissant y una bebida gaseosa" - y allá
se fueron diez reales. "¿Por qué hiciste eso?".
"Simple, estaba con mucho hambre y solo había eso
para comer."
Genaro,
mi hermano menor, 56 años, fue pasar la Semana Santa en
la casa de nuestra hermana Antonieta, en Villa de Abrantes, en
el otoño de 2006. Al tentar recuperar la cajetilla de cigarrillos
que había caído por la ventana al área posterior
de la casa al llevar a la boca uno de ellos, decidió colocar
una escalera y bajar por ella. Una falla de cálculo hizo
con que cayese de una altura de tres metros, fracturando el fémur
de la pierna derecha.
Toda
la familia que se encontraba en aquella ciudad preparándose
para el descanso merecido del feriado prolongado, se vio convocada
de urgencia para tratar del accidente sucedido. Primera medida,
transferirlo para el Hospital General de Camaçari, donde
sin duda, sería bien atendido.
Sin
embargo, el Viernes Santo dio inicio a una experiencia insólita
y cruel para alguien que jamás había tenido la oportunidad
de enfrentar un hospital público en el país. No
había Plan de Salud en los recursos de Genaro por lo que
tendría que sujetarse al Sistema Único de Salud
conocido por la mayoría brasileña como "SUS".
Hasta
ahí, todo bien, no habría problema. Sistemas de
salud gubernamentales no pueden ofrecer lujos pero todo está
previsto para ofrecer un cuidado funcional y eficiente al menos
en el caso del SUS que es un émulo del modelo francés
no debería existir queja de cualquier naturaleza, porque
allá en el país de origen, este funciona perfectamente.
Si,
y en el Brasil, ¿funciona...? El lunes, luego que todo
volvió a lo normal, mi hermano fue transferido, siempre
bajo el escudo del SUS, para el Hospital Español para ser
operado de la fractura del fémur por una de las eminencias
brasileñas de la Ortopedia que opera ahí y cuyo
nombre habré de declinar ya que estoy convencido que no
sería de su agrado verlo publicado dado el perfil discreto
y elegante que cultiva. El equipo de este famoso cirujano preparó
Genaro durante dos días, exámenes de todo tipo fueron
hechos, tracción en la pierna derecha para evitar - supe
meses después - que el hueso fracturado diminuyese el largo
de la pierna y así como todos los otros cuidados profesionales
de alto nivel previstos por la ortopedia moderna.
Al
dar un baño demorado al paciente, la enfermera encargada
constató que este presentaba una escara en la región
sacra. Una genuina escara, ganada por auténtica contaminación
hospitalar durante su permanencia de tres días en la emergencia
del Hospital General de Camaçari, disfrutando así
de las primeras muestras de la indolencia y de la indiferencia
practicados en aquel sector de la institución porque el
destino todavía le reservaba algunas más, no sólo
a él como también a los acompañantes, sus
hermanos, o sea, Antonieta, Rosa y el subscrito.
Ignoro
cual fue el mecanismo invocado por el Hospital Español
para declarar que Genaro no podría sufrir intervención
de cualquier naturaleza por no tener Techo Quirúrgico.
Exactamente eso: Techo Quirúrgico. Por tanto, debería
volver al hospital de donde viniera hasta sanar y solo regresaría,
en el caso, cuando la escara hubiese cicatrizado plenamente.
Acompañé
mi hermano en la ambulancia que lo llevaba de regreso a Camaçari.
Siempre fuimos una familia muy unida tal vez sea por nuestra ascendencia
Sefardita y llegamos al Brasil procedentes del Perú con
la expectativa de permanecer de cuatro a cinco años hasta
que las cosas volviesen a la normalidad en nuestro país
que había sido tomado por un Coup d'Etat de Izquierda que
en nuestra vana esperanza, calculáramos que duraría
aquel pequeño espacio de tiempo. Craso engaño.
Se
pasaron más de doce años cuando volví por
la primera vez al Perú en todo ese espacio de tiempo. Se
trataba ahora de una otra realidad en la cual no teníamos
nada más que ver. Pertenecíamos al Brasil porque
esa era nuestra nueva base donde estábamos perfectamente
integrados. Integrados pero extranjeros, probablemente queriendo
la tierra más que muchos nativos pero sabiendo siempre
que éramos extranjeros y eso nunca fue una dificultad de
ninguna clase porque el Brasil siempre aceptado muy bien los extranjeros
de buena fe.
Mientras
eso, surgía una ala de nativos en la familia al tiempo
que nuestros viejos partían. Siempre digo que ellos, nuestros
padres, se volvieron brasileños antes que nosotros, su
polvo se mezcló con el de la tierra que los había
acogido y ahora también eran nativos.
El
viaje de regreso en la ambulancia era algo difícil de asimilar,
era casi irreal. ¿Realismo fantástico de Gabo? No,
estaba sucediendo de verdad. Sé que el cirujano había
sido tomado de sorpresa con la actitud de la gerencia del SUS
en el Hospital Español, porque esa determinación,
claro, había salido rápidamente de allá.
¿Por qué? Un hospital como el Español podría,
ciertamente - a mi entender y al de algunos médicos conocidos
- haber tratado de la tal falta de Techo con mejor condición
que el Hospital emisor del paciente.
Pero,
ese era el procedimiento a ser seguido y como se trataba de un
servicio que no presentaba costos inmediatos para el paciente
ni para los familiares, era más simple, por que no decirlo,
acatar la tal decisión. Se fuese un servicio particular,
bien, ahí sería otra historia.
Estamos
condicionados a pensar que el SUS es algo gratis. ¡Palomas!!!,
eso no es verdad, no, nada es gratis en el SUS, todo es pagado
y sustentado por los increíbles impuestos que todos pagamos,
absolutamente todos los que viven en este país, una fabulosa
dinerada tan tremendamente expresiva que hasta infiltraciones
mafiosas son detectadas, según las noticias publicadas
sobre el reciente asesinato del contador de la municipalidad de
Salvador de Bahía encargado de fiscalizar tales recursos
provenientes de ese Sistema de Salud.
Instalaciones
extensas, facilidades de primera, equipamiento igualmente de última
generación, tomógrafo, Unidad de Terapia Intensiva
completa. En fin, todo para ser un hospital de primera línea
pero poco a poco fuimos observando que no era así mientras
acompañábamos nuestro hermano, turnándonos
Antonieta y yo, día y noche porque creíamos que
la tal escara sanaría luego. Comprábamos de nuestro
bolsillo las cremas que harían efecto más rápido
y que no existían en la farmacia del nosocomio.
Resolvimos
la limpieza del cuarto donde el lecho destinado a Genaro estaba
localizado y lo hicimos exhaustivamente para evitar la amenaza
de la siempre presente contaminación hospitalar. Obviamente,
hubo reclamaciones de que queríamos hacer un hotel de lujo,
esto dicho por auxiliares de enfermaría y hasta de un joven
médico asistente de la dirección convicto de su
papel como vengador disfrazado del poder central.
El
mayor espanto tuvo lugar cuando un paciente sin parientes falleció
y nadie apareció para recoger el cuerpo. La putrefacción
comenzó a instalarse en la morgue y una pestilencia insoportable
tomaba cuenta de todas las instalaciones de la institución.
Por
otro lado, era inadmisible tener que ver la falta de vidrios en
las ventanas de los cuartos simplemente por indiferencia, porque
en el había un equipo de mantenimiento andando el día
entero por los corredores del hospital mostrando una supuesta
e intensa actividad. Habiendo detectado el poder que ellos controlaban
pedimos encarecidamente y con mucha educación que compusieran
las ventanas del cuarto de Genaro, lo que atendieron prontamente.
Teníamos
que bañar y cambiar el pañal geriátrico de
Genaro, función de los acompañantes quien en razón
de la escara debía permanecer de cabeza para abajo mientras
la fractura no tenía ninguna tracción aplicada porque
no existía siquiera un peso para colocarle. Los médicos
ortopedistas, diaristas como son clasificados en la estructura
de los recursos humanos del hospital, que visitaban nuestro hermano
se quedaban de manos atadas ya que no había al menos una
atadura que sirviera para evitar el riesgo de la disminución
del largo de la pierna lo que sucedió inevitablemente.
Los
días se pasaban y nos enterábamos, sin ser esa nuestra
intención, sobre el funcionamiento del HGC - como también
es llamado. A propósito, la nueva dirección que
asumió el hospital recientemente, declaró al final
de enero de este año que "es necesario humanizar y
volver el HGC más eficiente". "Lo que uno pretende
de inmediato es realizar una reforma y ampliación de la
urgencia y emergencia del hospital, tratando el espacio de forma
humanizada".
Al
termino del primer mes Genaro estaba con laringitis, infección
urinaria y con una segunda escara. Si, una nueva escara había
aparecido en la misma región del sacro. Fui cuando decidimos
llevarlo de vuelta porque si permaneciese allí sería
en curto plazo un óbito más como aquellos que entraban
debido a una pequeña herida en la planta del pie y después
de amputar la pierna fallecían de un momento para otro
bajo la mayor indiferencia e indolencia como si la vida no valiese
nada. Si, la vida no vale nada en aquella institución y
es necesario entender que humanizar los servicios es mera falacia.
Indolencia es un sentimiento o la falta de este, heredado de nuestro
pasado colonialista de injusticia humana.
Indios
y después, Negros, simplemente, nunca valieron nada como
gente en aquellos días y ese sentimiento que perdura hasta
hoy, lo que acaba por ser incoherente, está impregnado
en los propios descendientes de esos pueblos sino como explicar
que justamente, la mayoría de ellos, son los que aplican
la indiferencia y los actos inhumanos contra sus propios hermanos
de sangre. Aquí se constata que hablar de una sociedad
brasileña coesa necesita ser evaluado profundamente más
todavía en una época en que el Neoliberalismo -
como dice el actual presidente de Venezuela - roba nuestras almas.
Pasamos
casi nueve meses mirando y tratando de las escaras de Genaro y
así, cuando cicatrizaron volvimos a ver al distinguido
médico ortopedista del Hospital Español quien diagnosticó
que por la posición en que permaneció y la inmovilidad
era necesario recuperar su vascularización lo que solo
podría obtenerse con tres meses de hidroterapia y fisioterapia
para poder pensar en tener condiciones de operar.
Lógico,
ele no habló en Teto Quirúrgico por que la expresión
nunca había sido de él. Sed, un amigo nuestro muy
próximo, ayudó mucho en la hidroterapia porque transportar
Genaro del cuarto hacia la piscina implicó en la construcción
de una camilla especial ya que en razón de fractura de
la pierna, él no consigue sentar a no ser con profundos
dolores ocasionados por el avanzo del hueso fracturado en la región
del ilíaco.
Un
año en la posición horizontal durante veinte cuatro
horas por día ha hecho de nuestro hermano un hombre de
gran fe y confianza en la humanidad. Continúa confiando
en la destreza y habilidad del Ortopedista mencionado que aún
bajo el régimen de los valores, muchas veces inexpresivos,
pagados por el SUS, ejerce con mucha dignidad y decencia su profesión
ayudando a recuperar la vida de sus pacientes independiente de
clase social y/o procedencia.
Entonces,
el croissant de mi sobrino Michel, como título de
este artículo, fue un homenaje simple al pueblo Francés
por su boulangerie y son pain délicieux y
obviamente, por la eficiencia de su SUS. Esto, recuerda por lo
que leí que, en el inicio del siglo XX, en Río de
Janeiro y en Salvador de Bahía, se hablaba la lengua de
Voltaire en las residencias de las familias decentes, o sea, pudientes.
El pueblo hablaba Nhangatu y, claro, Portugués.
Pero
los tiempos han cambiado drásticamente el universo de la
realidad social del país, por eso hago votos para que el
tal HGC sea reformado, reproyectado, rehecho, reconstruido de
forma radical, nada de contemplaciones con propuestas de humanización.
Eso no es así. Eso es cosa para quien ya resolvió
sus necesidades básicas, lo que no es nuestro caso. Es
prioritario tener una actitud férrea y vertical en busca
de la idoneidad y, encima de todo, del respeto a la dignidad del
pueblo - nuestro único y real capital - cuando se trata
de la salud.
Si
esto no es posible, bien, sugiero entonces, contratar un director
Finlandés, Sueco o Dinamarqués con amplios poderes.
Ellos si saben como imponer orden con dignidad, duela a quien
duela.
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Guillermo
A.Ortega Noriega, es Periodista y Escritor además de
Webdesigner premiado en Brasily el Exterior. Es Corresponsal
de Antípodas. Hispanic Journal de Austrália.
Es Fundador de la ONG Gros-IPPH
y del GT Grosnet-SWH
Vive en Bahia, Brasil desde 1971. (mitortega@hotmail.com)
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